Hemeroteca
Xavier Coller: «Vamos a ver cómo se pelean mengano y fulano. ¿Eso es lo que queremos que sea la política en este país?»
El catedrático analiza en «La teatralización de la política en España» como los discursos broncos en los parlamentos están erosionando la democracia
- Compartir
El gran zasca de la portada anuncia bien el tema. El catedrático de Ciencia Política de la UNED Xavier Coller presentó ayer en el Ateneo de Santiago La teatralización de la política en España. Broncas, trifulcas y algaradas, un ensayo sobre las causas y los efectos de los discursos parlamentarios broncos que ocurren en todas las cámaras españolas.
—Hace un par de semanas, la polémica fue la conversación relajada en el patio del Congreso de Borja Sémper y Gabriel Rufián. Quizá esa pueda ser la imagen que ilustra de lo que habla en este libro, ¿no?
—Efectivamente, así es. En el libro también reflejo un acto en el que Santiago Abascal y Pablo Iglesias estaban sonriéndose y en actitud relajada. La pregunta que hay que hacerse es ¿y por qué se tendrían que esconder? ¿Por qué me tengo yo que esconder? me decía un parlamentario de un grupo político de izquierda o extrema izquierda. Me decía, ¿por qué tengo que esconder que este diputado del PP y yo somos amigos? Si es que somos del mismo pueblo, solo que cada uno ha tomado opciones ideológicas distintas.Y la respuesta es por el temor a la parroquia, por el temor a lo que digan sus seguidores. Y dejan de hacerlo. La pregunta que nos tenemos que hacer es, ¿la política se ha convertido en un escenario, en una esfera tan cruel como para que la gente con perspectivas ideológicas distintas tengan que dejar de verse? Ese es el resultado de la polarización afectiva y de la radicalización. Esto nos tiene que hacer reflexionar. Nos resulta raro ver a Rufián y Sémper. Bueno, ¿y por qué no? Si tu cuñado y tú cenáis el día de Nochebuena y tenéis opiniones distintas. ¿Cuál es el problema?
—¿Los políticos entienden esa teatralización, ese lo que pasa en el hemiciclo se queda en el hemiciclo, pero la sociedad no?
—Ese es el gran problema y la gran responsabilidad de los parlamentarios. Lo que pasa en Las Vegas no se queda en Las Vegas, lo que pasa en el terreno de juego no se queda en el terreno de juego, trasvasa los límites del hemiciclo y se traslada a la sociedad. Muchas veces no se dan cuenta, o lo que es peor, sí que se dan cuenta, pero les da igual, siguen actuando de una manera irresponsable, con insultos, amenazas, gritos, abucheos, jolgorios... en fin, estos espectáculos, porque la política se ha convertido en un espectáculo. De hecho, todos sabemos que la sesión de control al gobierno nos da un buen entretenimiento a todos los demás. Vamos a ver cómo se pelean fulano y mengano. ¿Eso es lo que queremos que sea la política en este país? En este país y en cualquier democracia. ¿Es eso? Yo no quiero que la política sea tan aburrida como para que la gente deje de prestarle atención, pero tampoco quiero que sea tan espectacular como para que parezca un ring de boxeo y que queden ocultas otras cosas que son muy importantes para la ciudadanía. Una parlamentaria lo decía... [coge el libro y busca la cita]:
En un pleno reciente entró el tema de los ERES, entró el cierre de la línea de metro, entró la ludopatía en los centros educativos, el tema de la subida del coste del comedor... Entraron temas muy importantes, temas muy chungos. El tema del empleo, un montón de historias. Pero de lo único que hablaron los medios de comunicación al día siguiente fue el debate del procés, que fue un debate [...] que se liquidó en 45 minutos. En un pleno que duró 7 horas el primer día y 12 horas el siguiente.
Es decir, en un pleno de 20 horas cogieron un debate de 45 minutos cuando hubo muchos acuerdos sobre temas importantes. El riesgo que corremos es que de fijarnos tanto en la espectacularización de la política, por debajo no le estamos prestando atención a las cosas que son realmente importantes, como el precio del alquiler, la vivienda, las zonas tensionadas, la política migratoria, los cayucos, el dumping fiscal entre comunidades autónomas... Ese es el daño.
Ese y el efecto que tiene esa teatralización de la discordia entre parlamentarios, porque el precio es elevadísimo. El precio es la desafección, la polarización, el desapego, el descrédito de los políticos, el descrédito de la política y finalmente lo que algunos estudiosos de las democracias vienen diciendo desde hace mucho tiempo, yo entre ellos, que es la erosión de la propia democracia. Cuando la gente empieza a dejar de creer en la democracia como régimen político empieza a pasar lo que se está ocurriendo a una buena porción de jóvenes actuales que creen que otros sistemas políticos que no son las democracias son aceptables. Y eso ya nos pasó en los años 30.
—Habla esa parlamentaria del papel de los medios. ¿Qué parte de culpa tienen en esa desafección de la política?
—Hay un capítulo en el libro que se llama El corte simbiótico, que viene a explicar precisamente eso que estás planteando. Lo importante es que entendamos que hay una simbiosis entre dos actores fundamentales: el político que busca exponerse a la población lo más que pueda para atraer más votos, para explicar sus puntos de vista, y el medio de comunicación, generalmente privado, que busca presentar una cuenta de resultados a sus accionistas o a sus propietarios. Es decir, necesitan vender. ¿Qué vende más? ¿Que un perro muerda a una persona o que una persona muerda a un perro? Obviamente que una persona muerda a un perro, ¿no? ¿Y qué es, en el mundo en el que vivimos, qué es el equivalente del que una persona muerda a un perro? Que los políticos estén insultando, escupiendo, amenazándose... Da igual quien sea el responsable, esa simbiosis funciona.
El corte simbiótico, además, redunda en una idea importante.Como me decía un parlamentario, tú tienes que dar un corte y dar el corte. O sea, tú tienes que darle un zasca al tipo para que sea atractivo y ya prepararlo todo para enchufárselo a las redes o a los medios de comunicación para que lo saquen.
—El discurso de los 140 caracteres.
—Lo importante es saber cómo funciona esto y en qué medida los propios medios de comunicación pueden hacer una reflexión. Están diciendo la verdad, porque es verdad que se insultan y se denigran. Estamos enseñando la realidad, pero ¿es toda la realidad? ¿O es una parte muy pequeña de la realidad? ¿Por qué no compensamos? No te digo que eliminemos, pero ¿por qué no compensamos explicando también otras cosas que son muy importantes para la ciudadanía?
—¿Contribuyen las redes a esa erosión?
—Sí, porque fíjate, ocurre lo que Sánchez Cuenca dice en un libro reciente de Catarata, la desintermediación de los medios de comunicación. El medio de comunicación era el elemento que captaba la noticia, te la daba, te la podía interpretar, y formaba la opinión de la gente. Ahora hay un elemento, que son las redes sociales, que eliminan al periodista y al periódico como elemento de intermediación, porque el propio parlamentario, el político, quien sea, ya directamente va a las redes. Esa intermediación ha dejado de tener la intensidad y la fortaleza que tenía antes, y con ello se está eliminando también algo muy importante, que son las barreras frente a los bulos. Como no hay barreras, el que tiende a propagar los bulos se envalentona porque sabe que no hay un dique de contención.
—Vuelvo a la actualidad. Mónica García ha denunciado que le han vandalizado el coche y Ana Belén Vázquez ha publicado una carta plagada de insultos y amenazas. ¿Eso es también producto de la teatralización?
—Cuando te encuentras con que hay parlamentarios que se insultan, que se amenazan, que se dicen cuidado con tu familia, la gente se siente empoderada para ellos hacer también lo mismo. ¿Por qué no voy yo a insultar a la ministra o a hacerle un escrache? Cuando la gente percibe que ciertos límites se traspasan en las cámaras parlamentarias, pero también en los programas de televisión, ¿por qué no lo van a intentar ellos? Y esto conduce a una situación que puede generar cierta violencia. Si es que lo hemos visto, cuando se produjo la sesión de investidura de Pedro Sánchez hubo parlamentarios que fueron agredidos en un bar en el que estaban desayunando antes de ir al hemiciclo.
—Explica también en el libro que la mayoría de las leyes se aprueban por amplias mayorías, que el trabajo político es muy colaborativo. Pero la cámara con menos colaboración es la gallega. ¿Contribuyen las mayorías absolutas a esta situación?
—Galicia es el farolillo rojo, es la menos inclusiva, con Valencia y con Madrid, pero a distancia de Valencia y Madrid. Podría ser la mayoría absoluta pero en Cataluña, con muchas mayorías absolutas, el nivel de acuerdo es el más elevado de toda España, junto a Canarias, Navarra, el País Vasco y el Congreso. Valencia, Madrid y Galicia, históricamente son cámaras que han tenido PP y PSOE fuertes y a lo mejor un tercer grupo más minoritario. ¿Qué une a Cataluña, Canarias, País Vasco, Navarra y el Congreso?
—La fragmentación.
—Pues ahí tienes la respuesta. La gente desarrolla unas habilidades, unas capacidades para llegar a acuerdos con los rivales. No es porque no tenga mayorías absolutas, es porque hay muchos grupos y siempre los grupos mayoritarios intentan atraerse hacia sí a otros grupos. Desarrollan unas habilidades de negociación, de pacto, de acuerdo, que no tienen nada que ver ni con la cultura, ni con la tradición, ni nada de esto.
—Que la sociedad desconozca los detalles del sistema parlamentario, ¿es otra de las causas de la desafección?
—Lo desconocemos. La labor pedagógica que hay que hacer es muy importante. Pero aquí viene la pregunta del millón. ¿Cómo se va a interesar la ciudadanía por cómo funciona un parlamento si está desacreditando la propia institución parlamentaria por el comportamiento de los políticos? Resulta que el comportamiento de los políticos es uno de los problemas más importantes que perciben los ciudadanos que existe en España. No es poca broma. El comportamiento de los políticos, que unido a los partidos políticos y al gobierno era el gran problema para el 40 % de la población en octubre del 2023. Ahí hay una indicación de que la gente está un poco harta del espectáculo de la política. Eso genera que no hay implicación ciudadana y eso termina derivando en... ¿Y yo para qué voy a pagar impuestos? ¿Para alimentar a todos estos? Pues dejo de pagar impuestos, o intento evadirlos, o cobro en negro... A lo mejor conviene pensar si ese es el tipo de sociedad que queremos construir. Mi respuesta es que no. Pero claro, yo soy un individuo solamente. Yo escribo este libro para que la gente conozca un poco a los políticos, que sepan lo que piensan, que hay gente muy noble, muy bien preparada, muy bien intencionada, muy de servicio público.Y creo que es conveniente que reflexionen acerca de qué es lo que estamos haciendo.
—Esta teatralización no solo ocurre en España. Recordemos que un expresidente de los Estados Unidos dijo en un debate que los haitianos se comían a las mascotas de sus vecinos.
—Es que aquí eso lo estamos haciendo desde hace años con que los gitanos no quieren trabajar, o que los negros huelen mal, o que los moros... Lo estamos reproduciendo continuamente, con otra intensidad, con otros ejemplos, porque aquí no tenemos Ohio, Electoralmente tenemos a Aragón que se comporta como Ohio, y cuando Trump dijo eso me pareció una barbaridad, obviamente, pero claro, luego piensas lo que hacemos aquí y es lo mismo.
—Pero hasta hace relativamente poco este tipo de discursos no entraban en el Parlamento.
—¿Seguro? Porque con la independencia de Cataluña han corrido ríos de tinta y en el Parlamento catalán se oye y se ha oído lo de que España nos roba y los andaluces se corren las juergas a costa de los dineros. Nosotros estamos normalizando esos discursos y como te ha pasado a ti y a mí, cuando oímos lo de Trump nos parece una barbaridad, pero nos damos cuenta que nosotros hemos normalizado exactamente lo mismo. El otro día estaba oyendo una entrevista que le hacían a Nevenka, y se recuperaron voces que se escuchaban en su momento que decían que si esta era una fresca. Eso lo hemos visto aplicado a las mujeres continuamente: que esa es una zorra, que esa una marimacho... Pues es lo mismo que lo de Trump y las mascotas, es criminalizar al que es minoritario, al que es distinto.
Ver en La Voz de Galicia